Preadolescencia con los ojos vendados y el corazón abierto.

Aún me recuerdo a los quince y dieciséis años: igual de presumida, combativa y rebelde que ahora, pero habiendo leído mucho menos que ahora. Y tal vez esto te pase a ti, compañera.

Nací y a los dos años la vida me regaló la condición natural de ser feminista. A mis setecientos noventa y pico días de vida mi padre se fue de casa sin aparente motivo alguno. Desde entonces he vivido en compañía de mi madre, quien se convirtió -y por lo tanto fue, es y será- mi referente femenino. Mi madre, Marta, es una mujer fuerte, luchadora, independiente. Pero a su vez cariñosa, familiar y extremadamente maternal.

Yo no era consciente por esos entonces, pero tiempo después he sabido -tal vez sin quererlo- que me contaba cuentos minutos antes de romperse en mil pedazos; con un nudo en la garganta y las cuencas como el rocío. Pero sigue entera.

También supe -tal vez sin quererlo- que mi padre le proponía citas para maltratarla psíquicamente. La invitaba a cenar fingiendo un reencuentro romántico y sólo quería recordarle que no volverían jamás. Pero a pesar de esta crueldad premeditada, mamá sigue entera.

Tal vez también sin quererlo me enteré de las deudas de más de 60mil euros -en pesetas, por aquel entonces- que dejó a mi madre sacadas de su negocio común: una línea de tiendas de ropa alternativa. Y también supe como quien dice ser mi abuela, “la yaya”, no quiso ayudarla economicamente. Pero mi madre salió del pozo, y sigue puto entera.

No es que idealice a mi madre, es que vengo del vientre de una heroína.

Porque no todas supermujeres llevan escotes hasta el ombligo, monos de látex, orejitas de gato, guantes hasta los codos, stilettos brillantes o antifaces de un solo color. También llevan delantales, camisas holgadas, bragas de regla, ropa deportiva, vestidos, camisones, pijamas de felpa, zapatos de montaña, chaquetas tejanas, leggings con la goma dada de sí y medias de rayas.

Y tal vez sin quererlo este perfil de hembra se acerca más a mi ideal de supermujer que Catwoman, Sailor Moon o Miss America.

     No me supe feminista.

Aun así, nunca me consideré feminista. No entendía el concepto. Claro que deseaba la igualdad entre el hombre y la mujer, ¿pero no es eso al fin y al cabo racionalidad? No concebía otra realidad.

¿Empoderamiento femenino? ¿Cómo no iba a conocer ese concepto si vivía bajo el mismo techo que una supermujer? No terminaba de entender el concepto, los objetivos ni el fin de esta corriente de pensamiento.

Tiempo después descubrí el feminismo, definido según la RAE como “principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre” y descubrí por qué todo eso era necesario.

  Necesidades básicas de la igualdad de género (desde una perspectiva binarista*)

  • Igualdad en cuanto a derechos, deberes, trato y oportunidades.

  • Romper con los roles de género (ej. La mujer cuida de los niños, el hombre es el que gestiona los ingresos económicos).

  • Romper el techo de cristal, es decir, conseguir que las mujeres ocupen altos cargos en los ámbitos políticos, económicos, científicos, etc.

  • Desexualizar el desnudo femenino y luchar por la normalización del goce de la propia sexualidad.

  • Romper con los clichés sexuales reproducidos en la pornografía convencional producida por y para hombres heterosexuales y cisgénero.

  • Inculcar el pensamiento positivista de que las mujeres de nuestro entorno no son enemigas ni competencia, sino compañeras de batalla.

  • Eliminar cualquier tipo de prejuicio más allá del género.Construir una realidad femenina inclusiva sin discriminar a las compañeras racializadas, trans, trabajadoras sexuales, en riesgo de exclusión social u otras involucradas en contextos denostados.

Entonces entendí que era feminista sin saberlo y desde entonces, me sé feminista y activista.

Y es que tal vez no entendía la necesidad de etiquetar un sentimiento para mí tan básico que se desarrolló durante mi educación primaria. Me parecía estar dando nombre a una obviedad, como crear movimientos que se llamaran “lxs cieloazulistas”, “lxs inviernosfriíastas” o “lxs todxssomoshumanistas”.

Pero crecer me ha hecho comprender. Comprender me ha hecho ser. Ser me ha hecho implicarme.

Implicarme me ha hecho batallar.

Tal vez mi apellido no sea casual.

Gracias, mamá, por tanto.

10 lecturas recomendadas para la iniciación al feminismo:

“Feminismo para principiantes” de Nuria Varela

“El segundo sexo” de Simone de Beauvoir

“ Teoría King Kong” de Virginie Despentes

“No es país para coños” de Diana López Varela

“Una habitación propia” de Virginia Woolf

“Solterona” de Kate Bolick

“Pussy Riot” de Nadya Tolokonnikova

“Mujeres y poder” de Marie Beard

“Por qué no soy feminista, un manifiesto feminista” de Jessa Crispin

“Mala Mujer” de Noemí Casquet

* Perspectiva de género binario o binarismo: Tratamiento de las cuestiones de género basándose en dos únicas opciones: hombre o mujer. Esta perspectiva no contempla otras tendencias como la intersexualidad, el genderfluid o drag entre otras.

 

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Written by

Mariona J.Batalla

hola soc una descripcio de una persona feminist guai que fa fotos guais i li agrada el punk