Muy a pesar de sus efectos negativos, adoro menstruar. Cada vez que empiezo a sangrar siento que renuevo, que empiezo un nuevo ciclo, que suelto. A su vez, el ciclo menstrual en su totalidad -las cuatro fases: preovulatoria, ovulatoria, premenstrual y menstrual- me ayudan a reconocer, conocer y aceptar mi naturaleza femenina. Y no sólo eso, si no que los estímulos sexuales se ven afectados también por esta etapa de sangrado, durante la cual la mujer siente un aumento de su apetito sexual y el alcance de un orgasmo más placentero.

Aun así, no termino de encontrar la forma de gestionar logísticamente mi regla.

La compresa convencional -da igual de qué tipo, de qué marca o si es con alas o sin alas- es un tejido absorbente que se coloca encima de las bragas y se mantiene -casi- sobre ellas gracias a una parte inferior adhesiva. Pero la compresa se mueve, baila por encima de nuestras braguitas de algodón, no permiten llevar tangas o lencería fina y se escapan por la parte trasera. Las compresas nos obligan a tener en nuestro cajón de ropa interior lo que entre nosotras llamamos “las bragas de regla”. Además, las compresas dejan macerar nuestra sangre durante horas y huelen mal. Porque sí, a pesar de que cuides de tu higiene íntima, el olor del sangrado menstrual es fuerte, y mucho más si se mantiene en calor y mezclado con otros flujos vaginales en un tejido que lo absorbe to-do.

 

Una alternativa a las compresas convencionales, son las compresas de tela: un tejido de algodón con la misma forma que las compresas Evax, Ausonia o Condis que además de no contener ninguna sustancia química, es reutilizable. La gran pega de este tipo de compresas es su poca versatilidad y la obligación de un lavado diario, por lo cual si te vas de viaje, estás en casa de tu pareja o has acabado en una rave de cinco días llevando una compresa de tela, probablemente se cree un nuevo ecosistema entre tus muslos.

Sin embargo, la alternativa más común a las compresas durante mucho tiempo ha sido el tampón, un tejido de celulosa de forma cilíndrica que se introduce por la vagina para absorber el flujo menstrual desde dentro. De este tipo de métodos los hay de distintas medidas -para usar según la cantidad de sangrado o las horas que va a usarse- y con aplicador o sin aplicador, un mecanismo de plástico que permite introducir el tampón dentro de la vagina con relativa suavidad y sin necesidad de empujarlo con el dedo lo más adentro posible. Este cilindro de celulosa se deja en la cavidad vaginal y tras su uso se retira gracias a un hilo que cuelga de su parte inferior.

¿Ventajas del tampón? Es cómodo, no se nota en el ropaje (quiero decir, que no crean el efecto de “culo sartenazo” de las compresas), permite llevar ropa interior ligera y pequeña, ocupa poco (puedes llevar siempre uno encima por si acaso tú o tu mejor amiga tenéis un imprevisto menstrual) y una vez insertado -si está bien puesto- no presenta ningún tipo de incomodidad.

 

¿Inconvenientes? La sensación de sequedad vaginal, los problemas de inserción la primera vez de su uso, la parcial absorción de la flora vaginal (un conjunto de microorganismos que residen en la zona vaginal y ayudan a prevenir infecciones por hongos, levaduras u otras bacterias dañinas o infecciones), que un tiempo agotada su capacidad de absorción puede manchar la ropa y que puede generar el “Síndrome de Shock Tóxico”, una infección que puede provocarse por su aplicación durante demasiadas horas -es por eso que se recomienda no dejarlos puestos más tiempo de entre 4 u 8 horas, según su capacidad, y no usarlos durante la noche-.

¿Y la copa menstrual? La copa menstrual es una maravilla. Yo después de cinco intentos aún no he conseguido ponérmela bien, pero aún torcida en horizontal dentro de la vagina no sentía nada.

Tal y como indica su nombre, la copa menstrual es un recipiente de silicona con forma de copa que se introduce totalmente dentro de la vagina. A pesar de haber distintas medidas, el modelo estándar mide unos cinco centímetros de largo y tiene una capacidad de treinta mililitros. En la parte inferior del recipiente en forma de copa le continua una pequeña tira del mismo material para facilitar su extracción, a pesar de que el mecanismo de retiración no sea tirando de esa “extremidad”.

Las ventajas de la copa menstrual son muchas y muy evidentes. Por una parte es un recipiente reutilizable, tal y como lo es la compresa de tela, pero con un lavado mucho más rápido y sencillo (a pesar de que se recomienda hervirla antes del uso en cada ciclo). Económicamente esto también supone una ventaja, pues se aproxima que una copa menstrual con un buen uso puede usarse durante cinco años. A su vez, eso supone una reducción de la producción de residuos y evitar colaborar en el ecosistema de peces-compresa.

En comparación con el tampón, la copa menstrual se inserta dentro de la vagina pero esta no reseca el útero, respeta el sangrado de cada mujer y no absorbe, si no que retiene. Es por eso que supone una ventaja sobre los tampones, que pueden afectar a la flora vaginal.

No obstante, hay que tener en cuenta que su método de aplicación y retiración conlleva mucho más ensayo que con el tampón.

La copa menstrual se aplica doblando los bordes de su parte superior. Hay distintos métodos para hacerlo y cada mujer se adapta al que más fácil le resulta. Una vez aplicada la copa, el pliegue se deshace retomando su forma de recipiente y crea un efecto de “vacío” que permite que la copa se adhiera a las paredes del interior de la vagina. Por lo contrario a los tampones, la copa menstrual puede cambiarse sólo 2 veces al día (por la mañana y por la noche, por ejemplo) y si está bien colocada, no debería suponer ninguna pérdida de flujo menstrual.

En cuanto a su método de extracción, quiero hacer un primer apunte: por mucho que tires de la “colita” de la copa, no va a salir, no sirve para eso. La copa menstrual debe retirarse del mismo modo que se aplica: doblándola. Para hacerlo, la forma más sencilla es inserir el dedo índice y el pulgar dentro de la vagina, apretar la copa para deshacer el efecto de vacío y empujar para afuera. Una vez la copa está saliendo, entonces sí que podemos ayudarnos de esa parte inferior alargada, pero no como primer paso.

En el último de mis intentos, al intentar sacarla, sin querer (obviamente) con los dedos empujé la copa hasta la infinidad de la profundidad de mi santa vagina encontrándose con el punto P de la Vía Láctea. Y, efectivamente, amigas, no llegaba ni siquiera a poder quitármela. Puse a prueba mi elasticidad abriendo las piernas al máximo, luego intenté poniendo una en alto y la otra doblada (con el talón acercándose al muslo), después lo intenté juntando los pies y separando los muslos. Nada. Lo único que conseguí fue ponerla en horizontal y volcar la mitad de la sangre que había almacenado durante la noche. Podéis imaginar el tipo de charcutería que estaba montando en mi habitación antes que mi pareja me recomendó probar de hacerlo de cuclillas en el suelo. Y qué sabio es él, que gracias a una experiencia similar con su ex pareja, Arnau supo cómo salvar mi flor de loto de un tiesto torcido.

Respira hondo antes de leer este párrafo. Procura hacer cinco inspiraciones profundas con los ojos cerrados al menos tres veces al día, pero sobretodo hazlo cuando tengas una copa menstrual encallada en tu cavidad vaginal. De verdad, respira. Si ha entrado, va a poder salir.

Antes de acudir a Arnau, mi reacción fue buscar en Google “como sacar copa menstrual encallada”. ¿Lo que encontré? Miles de blogs y vídeos en YouTube de chicas que contaban experiencias muy similares a la mía. Aun así, eso no me tranquilizaba. Me daban igual todas esas vaginas ajenas, tenía la copa en horizontal y cada vez que me levantaba de la cama caían gotitas al suelo, cómo al niño gafotas que jugaba a básquet y le sangraba la nariz en la primaria. Igual, pero por el coño.

Y gracias a la postura de rana a punto de parir -de cuclillas en el suelo apoyada con los brazos en la cama- y mis uñas de Cruella De Vil, conseguí pellizcar ese aborto del demonio de silicona y echarlo para afuera, eso sí, volcando toda la sangre en el suelo. Pero en ese momento el oasis rojo del parqué de mi habitación suponía una ínfima parte de lo que monopolizaba mi cabeza: Estaba viva y mi vagina también.

Así que la copa menstrual es muy cómoda -incluso mal puesta-, indolora, higiénica y eco-friendly, pero poco amistosa conmigo. Pero esto no va a acabar así, vaso de chupito de plástico, nos volveremos a ver los bajos.

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Mariona J.Batalla

hola soc una descripcio de una persona feminist guai que fa fotos guais i li agrada el punk